Conferència "El futuro de la socialdemocracia", Reunión del Grupo de Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo (Budapest, 17 de Noviembre)

El Grupo S&D tras las elecciones al PE de 2009 quiso llevar a cabo un debate sobre la situación de su familia en Europa. Quisimos sumarnos al debate que se estaba produciendo en nuestros partidos nacionales, en nuestras fundaciones, así como en el PSE y en la familia del FEPS.

Hasta el momento hemos organizado tres mesas redondas, con participación de los Presidentes de Delegación, representantes del PES, FEPS y participantes que no forman parte directa de nuestra familia política. Hemos escuchado las opiniones y puntos de vista de distintos sectores de nuestra sociedad y hemos debatido sobre temas clave para nuestra agenda, como la (1) juventud, (2) la situación de la socialdemocracia un año después de la crisis, o las (3) prioridades de la política exterior europea. Encontraréis información sobre estas mesas redondas, en la publicación que se os ha repartido.

Asimismo, el próximo 8 de Diciembre volveremos a reunirnos para discutir sobre la alternativa socialdemócrata en el contexto de la globalización con la presencia de Miguel Ángel Moratinos, exministro de exteriores del Gobierno de España y en enero y febrero realizaremos sendos debates sobre los retos de la base electoral socialdemócrata y los desafíos de la integración y la tolerancia.
Esta es la información que quería haceros llegar.

Permitidme ahora que haga algunos comentarios sobre la situación de la socialdemocracia en Europa:
Hay un amplio consenso sobre la idea de que la crisis económica y financiera es consecuencia de las políticas neoliberales, de la desregulación de los mercados y de un sector financiero irresponsable. Las políticas conservadoras nos han llevado al borde del colapso y a una crisis social desconocida en Europa décadas.

¿Por qué entonces nuestros políticos socialdemócratas, que proponen una supervisión más estricta y una regulación más responsable de la economía, por qué nosotros que ofrecemos respuestas sociales a los problemas de la gente, no recibimos el apoyo de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas europeos?

Actualmente, solo España, Grecia, Portugal, Austria, Eslovenia y Chipre están gobernados por partidos de izquierda en solitario o en coalición dentro de la Unión Europea. Son solo seis Estados de los 27 que forman la comunidad. Hace 10 años, 11 de los 15 países que por entonces componían la UE estaban en manos de la socialdemocracia.

Existe una percepción peligrosa de que la izquierda ha sido cómplice de la desregulación financiera y el excesivo liberalismo en los que se ha incubado la peor crisis financiera de los últimos 70 años. Países como Alemania, Francia o Reino Unido que estuvieron gobernados por la socialdemocracia durante buena parte del último decenio han cambiado de color político. Y ante el incremento de la desigualdad en la redistribución de la renta en la mayoría de los países europeos, las clases más castigadas ya no ven en el centroizquierda el refugio de antaño.

Debemos luchar contra esa percepción explicando mejor nuestras propuestas, asumiendo parte de nuestros errores y construyendo un discurso de futuro. Todos sabemos que una reforma liderada por los conservadores no puede traducirse en un verdadero cambio de modelo económico y social. No podemos permitir que los autores intelectuales de un modelo fracasado, sean los que lideren su reforma.

Pero la respuesta política a la crisis debe de ir más allá de un mejor sistema regulador, de estrategias de gestión de riesgos y requerimientos de capital. Debemos aspirar a recuperar el contenido ético que ha estado ausente de los mercados financieros.
La crisis es una puerta abierta a una transformación profunda de nuestras sociedades. Tanto es así que al inicio de la misma, Stiglitz sugirió que la caída de Wall Street sería para el capitalismo lo que la caída del Muro fue para el comunismo. Sin embargo, el potencial de cambio está condicionado por nuestras ambiciones y nuestra capacidad de liderazgo.

El reciente debate en el Reino Unido ofrece algunas ideas interesantes al respecto:
Antes que la doctrina ultraconservadora de Cameron impusiera los draconianos recortes sociales, Ed Miliband hablaba de los “ajustes socialmente justos”. Y no solo por razones económicas (afirmando que un ajuste muy brusco podría poner en peligro el crecimiento incipiente de la economía británica), sino también por razones ideológicas. “Los ajustes deben ser socialmente justos, con una proporción equilibrada de mayores ingresos (fiscalidad) y menores gastos”, sentenció. ¿Y qué quiere decir Miliband con eso de los “ajustes socialmente justos”?

Un ajuste socialmente justo sería aquel en el que contribuyeran más quienes más responsabilidad tuvieron durante la crisis financiera.

Un ajuste progresista debería dedicar más dinero a políticas activas de empleo frente a subsidios de desempleo; más recursos para becas, formación, políticas preventivas de salud, investigación, infraestructuras tecnológicas y apoyo a los sectores de la nueva economía.

La política en mayúsculas versa exactamente sobre eso: la decisión sobre quién recibe qué, cómo y cuánto.

La socialdemocracia en Europa debe apostar por una salida inteligente y progresista de la crisis que se recupere nuestros valores esenciales. Estoy convencida de que los valores históricos del socialismo, de la igualdad, libertad y solidaridad siguen tan vigentes y necesarios que nunca.

Es inspirador al respecto el proyecto lanzado en el Estado de California, en Estados Unidos. Allí tuvieron su versión anticipada Tea Party hace 7 años y las consecuencias han sido nefastas. El Estado se encuentra sepultado en un mar de deuda y con un 90% de la ciudadanía que cree que su gobierno no funciona.

Ahora el nuevo gobierno socialdemócrata, ante el colapso estadounidense, utilizando la metáfora informática, se prepara para “reiniciar” California.

La atención está puesta en la educación y en el desarrollo de unas infraestructuras eficientes, para que California, como Europa, vuelva a estar en la vanguardia internacional amenazada por los gigantes emergentes.

Los californianos, como los europeos, quieren escuelas excelentes, una enseñanza superior también de excelencia que sea asequible y esté al alcance de todos, capaz de proporcionar los profesionales innovadores y cualificados que se necesitan para las industrias del futuro.

Quieren unas ciudades habitables, que respeten el medio ambiente, que utilicen la energía y el agua con inteligencia y un tren de alta velocidad que una Los Ángeles y San Francisco.

Allí como aquí, las propuestas se forjan en principios socialdemócratas. Se está hablando de crear un “fondo para tiempos difíciles” que permita responder a los inevitables shocks macroeconómicos y sobre una reforma del sistema tributario que se apoye menos en el impuesto sobre la renta y más en los ingresos netos de la empresa.

Una socialdemocracia moderna debe tener la capacidad de actuar con decisión, reflejando la complejidad y diversidad de su población y su economía, necesariamente adaptada a los retos y oportunidades del s. XXI.

Creo que en un mundo cada vez más rico y cada vez más desigual, la igualdad debe plantearse a nivel global. Igualdad dentro de los países, pero también entre países y entre áreas globales.

Creo que los retos ya no pueden concebirse sino es a escala internacional. La socialdemocracia, para nosotros, será Europea o no será. Por eso sugiero que a los principios de libertad, igualdad y solidaridad, hay que añadir la dimensión internacional. Recuperar el internacionalismo.

Es el momento de reivindicar nuestros valores más que nunca. Esa debe ser nuestra bandera.

Muchas gracias,

Maria Badia

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